| Cortesia de Analía B. Lerones |
jueves, 9 de febrero de 2012
martes, 31 de enero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
HORÓSCOPO
de Andrés Diplotti
miércoles, 18 de enero de 2012
LOS PÍCAROS (POR PIO BAROJA)
Estamos más que acostumbrados a los vendedores de humo, a los que prometen por unos euros (la cantidad depende de la avaricia del vendedor) y a los que acaparan canales de TDT, páginas de revista de todo tipo o espacio en la blogosfera por acabar con tu problema en cómodos plazos. Esta práctica, la picaresca, es muy, muy antigua. Haciendo una búsqueda bibliográfica te puedes encontrar con facilidad el típico escrito del siglo de Oro español en el que se decía:
por cada pícaro hay 1.000 imbécilesdando así a entender que los vendedores de humo se sostiene en la incultura y/o la credulidad de la gente.
Un escrito que me ha llamado la atención es el artículo firmado por Pío Baroja llamado “Los mendigos” dentro de su obra “Vitrina pintoresca”, un libro aparecido en 1935 donde se recogen sus ensayos y artículos que aparecieron en el periódico “Ahora” durante la Segunda República. En “Los mendigos” Baroja nos habla a su vez de otro libro titulado “El azote de tunantes, holgazanes y vagabundos. Obrita divertida útil, en la que se describen los engaños de los vagabundos y falsos mendigos que corren por el mundo a costa nuestra”, impreso en 1803 por Mateo Repullés. En esta obra se hace un listado de nombres dados a los pícaros, sorprendiendo por su diversidad:
Biantes, felsos, afrailes, abordones, acaptivos, afarfantes o farsantes, acapones, lagrimantes, aturdidos, acayentes, cañabaldos, prestadores, tembladores, admirantes, milagreros, aconios, atacantados, mendrugueros, crujientes, clerizontes, rebautizados, palpadores, harineros, lampareros, reliquieros, paulianos, colisiarios, lavanderos, croceantes, compadreros, familiosos, pobres vergonzantes, morganeros, testadores, atrasados, hormigotes, ensalmadores y claveros.Magistral el adagio con el que el autor describe a estos pícaros:
Con arte y con engaño¿Quién no se acogería a este adagio para contestar a ciertos comentaristas que aparecen por aquí de tanto en tanto?
se vive medio año;
con ingenio y con arte
se vive la otra parte
Fuente: La Ciencia y sus Demonios
jueves, 12 de enero de 2012
MORIR COMO UN FILÓSOFO
El ser humano se distingue del resto de los animales por su capacidad para pensar. Eso es, al menos, lo que uno podía leer en los libros de texto de cuando iba al colegio.
El sano ejercicio de la reflexión y la creación de ideas es algo peligroso si se enfrenta al lado oscuro de nuestra naturaleza: cuando unos pocos, que creen que sus ideas son las únicas buenas, pretenden imponerlas al resto.
Muchos las aceptamos no porque tengamos miedo o porque nos convenzan. Las aceptamos por pura y simple pereza, porque es muy cómodo que otros piensen por nosotros. Por eso, cuando alguien intenta ejercer su título de animal racional con ideas que no comparten quienes detentan el poder, empieza la persecución.
Y si no que se lo pregunten al pobre Lucilio Vanini, un italiano carmelita que fue juzgado y condenado a muerte en uno de los procesos franceses más célebres de principios del siglo XVII. Vanini fue un viajero infatigable. Colgó los hábitos para hacerlo y después de dar muchos tumbos acabó afincándose en Toulouse. Allí se dedicó a impartir lecciones privadas donde exponía sus osadas ideas, de claro corte panteísta. Lo hizo sin buscarse el apoyo y protección de algún poderoso personaje de la ciudad francesa. Consecuencia: fue acusado de ateísmo con el agravante de proclamar a los cuatro vientos que no existía el alma y que la Virgen había mantenido relaciones sexuales.
Con tales declaraciones Vanini había acaparado todos los boletos necesarios para convertirse en carne de cadalso. Y así fue. Dicen que al ser conducido a la hoguera gritó en italiano:
- ¡Sepamos morir alegremente como un filósofo!
Y allí apartó el crucifijo que le pusieron delante diciendo:
- ¡Cristo tembló de miedo en su última hora mientras que yo muero sin temor!
Como el querido lector puede comprender, palabras tan poco piadosas obligaron al verdugo a cortarle la lengua antes de quemarle.
Durante los dos siglos que siguieron a su muerte numerosos escritores le dedicaron diversas lindezas. En 1840 Victor Cousin, Ministro de Instrucción francés, lo señaló culpable ante Dios y ante la moralidad: Vanini era, además de ateo, depravado y homosexual.
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