miércoles, 6 de abril de 2011

ESTA SOCIEDAD ENSUCIA LA IDEA DEL ANARQUISMO

martes 28 de septiembre de 2010

Espléndido video clip de Paradoxus que hace reflexionar sobre lo que significa ser anarquista.



Letra:

Un hombre alto me pregunta
en el autobús sentado
que por qué soy anarquista
muy nervioso y asustado.
Me ha debido ver la chapa
que llevo en el pantalón
uniendo un gran descosido
que hace tiempo se rompió.
Le miro de arriba abajo
no vaya a ser un fascista,
es un hombre ya mayor.

¿Por qué soy un anarquista?
Yo fui, soy y seré anarquista porque hay un mundo mejor,
por bienestar y autogestión,
porque odio la explotación,
porque odio la corrupción,
porque existe la opresión,
porque empujo a la razón contra discriminación,
porque apoyo inteligencia frente a toda la violencia,
porque veo que demencia reina en el planeta Tierra.
Para que la paz emerja,
porque la naturaleza necesita nuestra fuerza,
porque busco la igualdad.
Y también la libertad,
sin tener que gobernar,
sin atar la dignidad, sin manipular verdad,
por la solidaridad y el respeto a los demás.


El hombre queda callado
ya parece que va ha hablar.
Sólo ha movido la boca,
creo que ahora va ha pensar,
yo miro hacia la ventana el paisaje de ciudad.
El hombre me da en el hombro y yo miro a su lugar,
me dice algo cojonudo,
creo que soy anarquista,
repite por qué lo eras
y me agruparé en la lista.

Yo fui, soy y seré anarquista porque hay un mundo mejor,
por bienestar y autogestión,
porque odio la explotación,
porque odio la corrupción,
porque existe la opresión,
porque empujo a la razón contra discriminación,
porque apoyo inteligencia frente a toda la violencia,
porque veo que demencia reina en el planeta Tierra.
Para que la paz emerja,
porque la naturaleza necesita nuestra fuerza,
porque busco la igualdad.
Y también la libertad,
sin tener que gobernar,
sin atar la dignidad, sin manipular verdad.
Por la solidaridad y el respeto a los demás.


Sometidos al trabajo
y al consumo irracional.
Estamos domesticados
por la multinacional.
Esta sociedad ensucia
la idea del anarquismo.
No es el caos ni la violencia
ni es pensar para uno mismo.
Solamente la anarquía
puede ser la solución.
Romperemos las cadenas,
gritaré revolución.

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martes, 22 de marzo de 2011

LA BIBLIA: ¿ VERDAD O MITO?

La Biblia desenterrada (Finkelstein y Silberman)

La Biblia desenterrada es un libro de los investigadores Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman dedicado a desentrañar la historia del antiguo pueblo israelita, contrastando las historias del Antiguo Testamento con los descubrimientos arqueólogicos modernos. Antes de cualquier objeción en ese sentido es necesario aclarar que no se trata de un libro antirreligioso o una denuncia de las falsedades de la Biblia. No obstante, es previsible que los creyentes menos sofisticados o más habituados a la interpretación literal de la Biblia resulten sorprendidos o afectados negativamente.

Los autores se esfuerzan a cada paso en destacar el valor de la Biblia como documentación, no necesariamente de la historia, sino de las condiciones políticas y las inquietudes sociológicas de los habitantes de los territorios que se engloban en los libros bíblicos bajo la denominación de “Israel”, y que estuvieron en realidad muy lejos de la epopeya fundacional de Moisés, de la fulgurante conquista de Canaán y del legendario poder de la dinastía davídica o del rey Salomón.

No se trata simplemente, como se suele creer, de que ciertos pasajes del Antiguo Testamento sean exagerados o contengan episodios mitificados. Más bien nos encontramos con que tramos enteros de la historia del antiguo Israel están inventados, y otros están basados muy libremente en desarrollos históricos paralelos. Los estudiosos están de acuerdo, por ejemplo, en que la historia de la esclavitud en Egipto es completamente ficticia, aunque pudo inspirarse en el hecho de que los egipcios empleaban a muchos obreros inmigrantes del Sinaí en sus obras públicas. El Éxodo tampoco parece tener base histórica alguna, resultando particularmente inviable una huida masiva de esclavos a causa del férreo dominio que Egipto ejercía sobre el actual Israel.

El ciclo de sangrientas batallas que (según la Biblia) llevaron a la conquista de Canaán por los israelitas no tiene correlato arqueológico, excepto la destrucción de las ciudades-estado litorales por parte de un adversario desconocido, quizá los enigmáticos “Pueblos del Mar”, y luego de una corta renovación posterior, la nueva y definitiva devastación llevada a cabo por el faraón egipcio Shoshenk (llamado Sisac en la Biblia). Lo que ocurrió entre los supuestos “israelitas” y los cananeos es en realidad un reflejo de varias olas de colonización y abandono de las tierras al oeste del Jordán por parte de pueblos nómades, y un recuerdo de tensiones habituales entre los pastores nómades y los agricultores sedentarios. La auto-identificación étnica de los israelitas como pueblo fue posterior.

La gesta de David contra los filisteos es también inverosímil, por cuanto el reino de Judá era pobrísimo en hombres, en recursos y en cultura material; de la misma manera, el esplendor de Salomón no condice con la constatación de que la Jerusalén de esa época era apenas un pueblito serrano, sin fortificaciones ni grandes templos. Los numerosísimos ejércitos bíblicos no hubieran podido formarse ni mantenerse. Buena parte de toda esta historia fue escrita siglos después, para legitimar la unificación sociopolítica e ideológico-religiosa del reino, que buscaba subsumir a las tribus del norte (Israel propiamente dicho) y las del sur (el reino de Judá), con su capital y su Templo al único Dios situados en la sureña Jerusalén. Las profecías que se refieren a la suerte de Judá y de Israel representan intentos a posteriori de conciliar las supuestas promesas divinas de reinado eterno y unificado con la amarga separación y enemistad entre los reinos y con la inexplicable prosperidad de un Israel que se había rebelado contra Dios.

De hecho, el reino del norte (Israel) es consistentemente vituperado en la Biblia. El pecado de Israel fue precisamente su apertura a los cultos de otros dioses y la disposición de sus reyes a tomar esposas extranjeras, como la infame Jezabel, reina de origen fenicio, desposada con el rey Ajab. Por este y otros pecados, los descendientes de Ajab murieron uno tras otro de formas horribles. En realidad, esta historia (narrada en el libro de los Reyes) es casi totalmente ficticia. Israel bajo la dinastía omrita fue un reino fuerte y próspero, siendo el primero que amerita mención en documentos de otros pueblos de Medio Oriente, en momentos en que Judá era apenas un conjunto de aldeas escasamente pobladas. Sólo cuando el imperio asirio devastó Israel tuvo Judá la oportunidad de transformarse en un estado, y el rey Josías pudo usar los textos sagrados para legitimar su ocupación de las tierras del norte,  su poder sobre todas las tribus, y la centralización forzada del culto a Yahvé en Jerusalén.

La Biblia desenterrada es un recurso valiosísimo para quien debata sobre la historicidad de la Biblia. Inevitablemente, el libro es algo denso, ya que cuenta con un gran nivel de detalle y suele revisitar los hechos desde varios puntos de vista, pero leerlo brinda el placer de encontrarse con un trabajo arqueológico de primera clase, donde las certidumbres y las dudas de los investigadores están honestamente delineadas. Debe tenerse muy en cuenta que el libro no es una crítica a la Biblia: no busca desmontarla ni ridiculizarla, sino mostrarla como una epopeya nacional y un cuerpo de leyendas inspiradoras para un pueblo que ha persistido, reinterpretándola y adecuándola a sucesos cambiantes, durante milenios, a pesar de exilios y persecuciones que lo han llevado a todos los rincones del mundo.

Aunque la verdadera historia no está en la Biblia, tampoco corre paralela a ella, sino que la toca y la moldea, mediada por la teología y la política, por las tradiciones literarias y las expectativas del pueblo al que fue destinada. Que tantas veces haya sido impuesta por unos a otros, que tanto tiempo haya sido afirmada dogmáticamente como verdad fáctica y no aceptada como mito, no es culpa del libro ni de sus antiguos autores, sino fruto de esa terrible cerrazón que es el fundamentalismo religioso y de la ignorancia de los literalistas.

Este Libro lo puede descargar en: Etiquetas (A la derecha del blog) → Libros

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jueves, 17 de febrero de 2011

LA GENTE APESTA


Estas son las tres palabras que según Martin Crane, el padre del psiquiatra protagonista de la aclamada serie de ficción Frazier, todo el mundo debería tener en cuenta para que la sociedad funcionara mejor. A pesar de las chorrimemeces de personajes como Coelho, Bucay o Jodorowsky, que nos aseguran que somos muy buenos para así vender sus libros, basta con fijarse en la vida diaria para ver que en general no nos importa demasiado quien tenemos a nuestro alrededor. Y no solo en casos extremos como el de Kitty Genovese, una joven que fue atacada en su portal durante media hora y a pesar de que 38 vecinos observaron el asesinato ninguno llamó a la policía. Ni siquiera lo que los científicos sociales han demostrado en múltiples experimentos: somos malos samaritanos y solo un 17% de la gente está dispuesta a ayudar a un desconocido en una gran ciudad.
Es en las pequeñas cosas de la vida cotidiana donde realmente apestamos. Por ejemplo, imagine que entra a trabajar en un centro de investigación público pero su sueldo no llega a su cuenta hasta dos meses y medio más tarde. Y no solo eso. La nómina está mal hecha pues, a pesar de señalarlo el contrato, no han incluido una serie de complementos. Para que los incluyan usted debe dedicarse durante el mes siguiente a “dar la vara” en personal porque le han aconsejado que si no lo hace los cobrará cuando las ranas se peinen a raya. E incluso así, parte de esos complementos no aparecerán porque le dicen que hay un problema informático con las nuevas altas que ya existía tiempo antes de que usted entrara a trabajar.
Usted, que todos los meses tiene que comer, que debe pagar una hipoteca y la letra del coche, está agobiado anímica y económicamente y a los de personal les trae al pairo. “Así es la burocracia”, se consuela. ¿Seguro? ¿Cree que si en lugar de usted fuera el hijo del director del departamento de personal se hubiera quedado dos meses y medio sin cobrar? ¿Cree que si ese fallejo informático afectara a las nóminas de los de personal llevaría más de medio año sin arreglarse? No. Las cosas se puede hacer, pero no se quiere. A los demás usted les da igual: nadie se pone en su pellejo. Somos talibanes egoístas antiempáticos. Apestamos.
Sólo en contadas ocasiones encontramos una isla perfumada en un mar de pestilencia. Pero el océano es tan grande…